Las ciudades modernas nos obligan a transitar a velocidades tales, que nuestra percepción del yo, como parte de este mundo, queda nublada por una sucesión acelerada de imágenes de la que solo permanecen nuestro fantasmagórico ir y venir.

Como si estuviéramos en todos lados y en ninguno a la vez, nuestros flujos quedan impresos en la memoria de la ciudad que radicamos, más no necesariamente habitamos. Así, estas trazas de vida quedan visibles solamente a aquellos capaces de desafiar la soledad de las ciudades, salir a sus calles y detener el tiempo en un segundo de contemplación.

Caminar nuestras ciudades nos permite ser coparticipes de todo aquello que sucede en ellas, ser parte de un ritmo distinto en el que la magia comienza a suceder en los lugares menos esperados. Hacer ciudad nos permite hacernos humanos.

 

Fotografia: Arq Eduardo Gorozpe

 

 

 

About the author

Resumen de cv