Filosofía

 

Cada proyecto nace al interior de un cuerpo. Crece hasta que es imposible conservarlo dentro; sin importar cuándo o dónde, sólo queda comenzar a trazar –desde las entrañas– la primera proyección de una emoción: un plano.

Cuando las ambiciones exceden los limites del papel, es momento de buscar cemento, varillas y grava para dar forma, materialidad, al espacio experimentado en la imaginación. Cada muro levantado, cada ventana abierta, cada textura seleccionada, se unen bajo las leyes de la fisica para desafiar la gravedad, en una danza arquitectónica.

Desde pequeño he vivido maravillado con la infinidad de posibilidades que ofrecía un juego de bloques ensamblados entre sí, generando formas y figuras; tan solo imaginar cómo los diminutos hombrecillos habitarían el espacio que mis manos habían construido.

Ser arquitecto significa dedicar 24 horas del dia a repasar infinitamente una idea, una forma; implica convertir en UNO SOLO todo lo que soy y creo, para trazar un proyecto de vida y seguirlo con la precisión de quien sigue una señal de humo.

La arquitectura se lleva en la piel como un tatuaje, como una marca de nacimiento. Toma años de preparación, de lectura, de prueba y error, descubrir que un espacio es la oportunidad de configurar una serie de sensaciones y transmitirlas a otra persona, ser causa para dejar de ser efecto. La vocación del arquitecto consiste en tocar vidas a través de sus obras; metro a metro transformar el mundo en el que vivimos.

Con el tiempo, entender lo que cada material es y quiere ser, cómo la forma en la que son dispuestos es capaz de gestar emociones en quien habita su interior.

Abrazo la oportunidad de convertir cualquier motivo en arquitectura, de generar efectos inesperados. De involucrarme con cada cliente hasta entregarle una gran historia hecha tabiques: el entrelíneas de su deseo, vuelto forma. Con nostalgia, dejar proyectos maduros en manos de clientes satisfechos, para apropiarnos del aprendizaje y los cuestionamientos que cada uno provocó.

Otra madrugada otro sueño despertará, con la exigencia de ser trazado por un lápiz –afilado por nuevas preguntas y nuevas experiencias-.

Arq Eduardo Gorozpe