La idiosincrasia del pueblo mexicano está profundamente marcada por su capacidad de improvisación y adaptación. Desde los inicios nuestros antepasados marcaron la pauta siendo capaces de generar un sistema lo suficientemente ingenioso que nos permitiera construir una ciudad sobre un lago, desafiando así los poderes de la naturaleza.

Desde un huacal convertido en mesa, hasta un periódico convertido en sombrero existen muchísimos ejemplos que hablan del poder del mexicano para descontextualizar un objeto y atribuirle un sinfín de nuevos usos posibles. Es así la inventiva de nuestra gente; improvisar sobre lo improvisado se ha convertido en la base de nuestra supervivencia y capacidad de adaptarnos a situaciones adversas.

A manera de museo urbano, nuestras calles se encuentran tapizadas de expresiones maximalistas resultantes de la mezcla de muchas culturas. En cada esquina un colorido detalle pintado por el artista improvisado enmarca una parte importante de nuestra esencia. Nuestro lenguaje esta lleno de mil significados a partir de una misma palabra, somos barrocos por excelencia, dejar un espacio vacío sobre un lienzo en blanco, sería condenarnos por toda la eternidad.

De esta manera, logramos convertir cada rincón en un lugar mágico. Xochimilco en la ciudad de México, es la resultante de años de evolución del mercado de plaza, la reinterpretación de un centro comercial vernáculo donde todo puede suceder sobre una serie de barcas de madera multifuncionales, que se disponen como rompecabezas sobre los laberintos de agua dibujando entre si un paisajes multicolores que cambia a cada segundo.

Fotografía: Eduardo Gorozpe F. (Xochimilco Ciudad de México)
Twitter: @egorozpe

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